Cuarentena. Día 3.

Querido futuro estudiante:

Aquel que seguramente tenga que estudiar en historia COVID-19, aquel virus del que ahora os reís bastante porque ha pasado a ser un simple resfriado. No sé como pasarán a llamarlo después en historia: “La guerra del Coronavirus”, “La crisis de la Pandemia” o “La frenada del 2020”. Seguramente en tu examen de bachillerato o incluso en selectividad te toque desarrollar el tema y tengas que escribir sobre el inicio de este virus, para nosotros aún una incógnita. Desarrollarás un largo párrafo contando teorías conspiratorias sobre cómo, incluso el porqué nació este virus. Porque estaban los que pensaban que se había creado con algún fin. Con fines siempre económicos o políticos. Qué ya sabemos que son dos palabras que se podrían fusionar “fines polieconómicos”. Teorías de manipulación o experimento social. Otros que pensaban que querían acabar con la población de edad avanzada. Y aquellos que se posicionan con China, culpando a Estados Unidos aunque añadiendo también que quieran acabar con la globalización. Los que piensan que China lo hizo adrede para conseguir ser la primera potencia mundial comprando acciones a “dos duros” aprovechando las caídas de  “La Bolsa”. También los que creen que Rusia está muy calladita y qué “vete tú a saber”. Pero después están aquellos espirituales que piensan que el mundo iba demasiado deprisa. ¡Tan rápido! ¡qué íbamos echando humo negro!. Como aquel coche que a veces va por delante echando esa oscura neblina y piensas que es imposible que pase la próxima ITV. ¡Nuestro planeta no pasa la ITV ni de coña!, de ahí a que los energéticos o espirituales piensen que el Universo es sabio y pudo enfadarse enviándonos un virus para limpiar nuestro planeta. Incluso para crear más amor y unión. O los religiosos que no paran de decir “que sea lo que Dios quiera” aunque no paren de rezar.  

Por supuesto, futuro estudiante no te olvides de poner en negrita seguido de dos puntos, “Cuarentena:” Aquellas semanas en las que la colaboración ciudadana era fundamental. Necesitábamos parar el número de infectados quedándonos en nuestras casas. Comenzaba con dos semanas pero ya sabíamos que sería insuficiente por lo que comenzaba a generarse estados de pánico y ansiedad preocupados por la economía. Unos por suerte, mantendrían sus trabajos desde casa, otros directamente se habían quedado sin él. Sería un buen momento para pensar. Para aquellos que apenas tenían tiempo para hacerlo. Ese punto de inflexión que jamás llegaba, había llegado con la cuarentena. ¿Y que más “futuro estudiante”? Hay mucho más… Aunque de momento sólo puedo contarte que estamos en el tercer día oficial de cuarentena, aquí en España. Qué se han cerrado fronteras. Qué sólo podemos salir a la calle para comprar alimentos o medicamentos con guantes y mascarillas para los más precavidos o los que piensen que están infectados. ¿Qué piensen que están infectados?. Claro, estábamos bajo mínimos con los test del COVID-19. Me arriesgo a contarte que quizá sólo se les hiciera el test a personas con otras patologías, personas mayores, o grandes personalidades. ¿Grandes personalidades?. Ya me entiendes, políticos, deportistas, etc,.. El resto de infectados pasa a ser un supuesto número irreal. Creo que todos tenemos esa extraña sensación de que alguien más vive con nosotros porque de repente has estornudado o tosido, o has tenido unas décimas de fiebre. Sea lo que sea, permaneceremos en nuestras casas. Qué de momento, no está mal. Tenemos cientos de series, películas, aquel libro que nunca empezaste y otros que nunca acabaste. Menos mal que somos afortunados y estamos en la era virtual, dónde puedes hacer videollamada con familiares, amigos o esa persona con la que habías empezado a coquetear. Dónde las redes sociales están más activas que nunca con creativos de vídeos o textos cómicos que nos regalan una carcajada y eso ahora, vale millones. Los músicos y cantantes que nos regalan conciertos virtuales. Los deportistas que nos ayudan a mantener nuestro cuerpo. Los mensajes de amistad preguntándote un “cómo estás” y respondes con reciprocidad. El aumento de llamadas diarias a mamá, papá u otro familiar querido. El padre que se ha convertido en Roberto Benigni en la Vida es Bella y ha contado a su hijo pequeño que hay un bicho ahí fuera jugando al escondite. La quedada de las ocho de la tarde dónde salimos todos a las ventanas a aplaudir a nuestros héroes: los sanitarios, pero también al trabajador de las tiendas de alimentación, o al que limpia las calles cada día para su desinfección, personal de limpieza de todos los ámbitos, personal de farmacias  y por supuesto transporte público, seguridad etc,. Y si no estás en la lista, va por ti también. Pero también por nosotros, por los que estamos en casa ayudando y colaborando para que todo esto acabe cuánto antes. Un aplauso cargado de muchas emociones, de agradecimiento, de incertidumbre, de ánimos, de unión, de amor …  Un aplauso con saludos y silbidos a ventanas de otros vecinos que poco a poco vas conociendo en la quedada de las ocho. Un aplauso que se ha convertido en lo mejor del día a día de nuestra Cuarentena. Y no te olvides “futuro estudiante” de mencionar a la vecina del ático del número 45 de la calle general Ricardos de Madrid, que nos obsequia a media mañana con una bonita canción esperanzadora, “La Vida es Bella”. A lo mejor, es verdad lo que dicen los espirituales … A lo mejor. 

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