Seguir bailando

Mi amiga Sofia me había convencido para ir a una charla de mujeres empoderadas en el centro cultural de su pueblo. ¡Qué cosas hago últimamente! Intuí que sería una charla mágica por el atuendo de aquella mujer que aparecía en silencio en el escenario con las manos en posición de rezo. Fue entonces cuando abrió las manos y preguntó sin esperar respuesta:
-¿Alguien sabe qué es un vínculo inseguro?
(Aplausos)
Graciela, la señora que daba la charla tenía el pelo largo muy canoso que hacía juego con su pálido rostro. Llevaba una túnica blanca que arrastraba por el escenario y unos dedos engarrotados que asomaban cada vez que daba un paso al frente. No sé si es importante este detalle, pero me fijé en sus dedos, es algo que hago mucho, me fijo en los dedos de los pies de todo el mundo para ver si encuentro algunos más largos que los míos, es una manía.
Continúo. En la sala conté unas 50 cabezas femeninas. Sofía y yo nos encontrábamos detrás del todo, como las traviesas del cole. En realidad habíamos llegado las últimas. En nuestros asientos habían dejado un flyer con una imagen difuminada de una mujer sonriendo y una frase que decía «Te vuelves adicta a alguien, cuando no sientes seguridad en el vínculo».

– ¡Un vínculo inseguro es aquel que a veces da y otras se va! ¡Aquel que a veces te mira y otras te deja de ver! ¡Aquel que sientes que eres todo y otras ya no eres nada! ¡Aquel que te hace sentir única y otras, cualquiera! ¡Aquel que no sabes cómo dirigirte por ser impredecible! ¡Aquel que te hace estar constantemente experimentando subidas alucinantes y bajadas destructivas! ¡Un vínculo que mantiene el sistema de apego constantemente activado y necesita de esa conexión tóxica que viene y va! 
Todo iba bien hasta que Graciela cambió el discurso con la siguiente frase:
-¡Señoras! ¡Dejen de comer pollas!
Aplausos.
-¡Si las comidas de polla superan a las de coño significa que eres la sumisa en la relación. ¡Tenemos que estar pendientes a esta señal! ¡Basta ya! 

– ¿Alguna otra señal?, preguntó la morena que estaba en primera fila.

– ¡No fijarse en hombres que desprendan demasiada testosterona! Por lo general suelen dar problemas y no están maduros del todo. El hombre alcanza su madurez cuando se ha despedido de su testosterona. 

-¿A los 80 años? exclamó Sofía.

Risas 

Graciela continuaba:

– ¡El truco está en fijarse en hombres sensibles! Las mujeres pensamos que los hombres sensibles no son buenos en la cama, ¡ese es el problema! 

-¿Alguien en la sala que haya estado con algún hombre sensible?¿Nadie?

– ¡Yo!, respondió la de la tercera fila.

 – ¿Tu nombre?

– Mariela. 

– Mariela te llamas como mi tía, un fuerte aplauso para Mariela, cuéntanos Mariela, ¿qué tal fue tu experiencia con aquel hombre sensible?

– Bueno, resultó ser demasiado sensible y …

Graciela cortó con esta afirmación:

– Si un hombre nada más levantarse quiere meter su polla en tu vagina, te usará de recipiente. Esa es otra señal. Señoras, espabilen. Estamos elevando la consciencia. 

Aplausos y silbidos. 

-¿Sofía dónde cojones me has metido? Pensé que la charla era sobre el empoderamiento de la mujer, no para de hablar de pitos tía. 

– No me mates, acabo de mirar la fecha de la charla y es la semana que viene. ¿Nos vamos?

No pudimos levantarnos de nuestros aposentos pues Graciela se dio cuenta e interrumpió la charla:

– ¿Señoras dónde van? Las puertas están cerradas con llave. No dudó en mostrar la llave que tenia guardada en uno de los bolsillos de su túnica.

Por un momento pensé que nos habíamos metido en una secta satánica sin querer. También pensé en cagarme en mi amiga por este «embolao». 

– Por favor, un aplauso para estas dos mujeres que van a subir al escenario a contarnos su experiencia. ¡Griten conmigo! ¡Aleluya vaginas poderosas!

Todas gritaron a continuación la misma frase. Pero siguieron con un cántico que hablaba de un enfrentamiento entre penes y vaginas. Alguien sacó una guitarra mientras sonaba esta canción. No me podía creer lo que estaba viendo y escuchando. Para colmo habíamos pagado cincuenta euros cada una por estar ahí. 

– ¡Vamos suban al escenario! ¿Vuestros nombres por favor? 

– Isabel y Sofía. 

– Diríjanse a estas maravillosas mujeres y compartan su experiencia.

-¿Sofia, qué puedes aportar?

–  Queremos que nos devuelvan los cincuenta euros a cada una. Nos hemos equivocado de charla.

– ¿No les está gustando?

– Bueno, nos parece una charla muy cara, respondí. Cincuenta euros por decir que dejemos de comer pollas, es usted una cara dura.

Podéis imaginar que después de esto nos echaron de aquella charla con el siguiente insulto:

-¡Vaginas asesinas!

Menos mal que eran las ocho y media de la tarde de un viernes. La hora perfecta para salir a cenar, bebernos hasta el agua de los floreros y acabar bailando en el centro de la pista de una discoteca como si fuéramos adolescentes.

Sí. La vida me ha llevado a seguir bailando con 41 años en discotecas con amigas más jóvenes que yo. ¡Qué le vamos hacer! ¿Fuera de lugar? No lo sé, nunca sabré cual es lugar correcto… o sí, quizá cuando lo encuentre. ❤️

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