Fish

Hace unos días salí de fiesta con mi amiga Alicia. Hacía varios años que no la veía. Primero fuimos a cenar para contarnos nuestras vidas y esas cosas. 

– Amiga, los 40 son los nuevos 30.

– ¿Tú crees?, respondí. 

– ¡Si! Míranos, estamos estupendas. 

– Oye tía, ¿Cuándo decían que venía la menopausia?

– ¡Aún queda mucho, no pienses en eso! Tú lo que tienes que hacer ahora es actualizarte un poco.

– ¿Me ves antigüina? 

– No, amiga pero ya no se liga en los bares, eso ha quedado atrás. Ahora una se baja aplicaciones para ligar como Tinder o Fish.

– Buff, no sé. Yo no soy de esas cosas. Además no tengo la necesidad de salir de una y meterme en otra. No me apetece.

– A ver, no se trata de eso. Puedes conocer hombres, charlar con ellos y pasar un buen rato. Ya me entiendes, ¡echar un polvete!

– No me apetece intercambiar energías ni flujos con nadie. 

– ¡Hija estás de un místico últimamente! Con lo bien que te lo has pasado tú coqueteando soltera. Además estas cosas te servirán para inspirarte y escribir en tu blog. 

– ¿Y cada vez que quedas con uno tienes que contarle el mismo sermón? A mi me parece que se pierde el erotismo. 

Yo soy más de intercambiar miradas en un bar, de esperar a que alguien se acerque para decirte: 

– «Mese» han caído los calzoncillos cuando te he visto. 

Menos mal que recula y te dice riendo:

– Es broma. Me encantan tus ojos. Soy Luis el dueño del bar.

Entonces tu amiga te mira, te da un codazo y pensáis exactamente en lo mismo. 

– Muy bien Luis, encantada, soy Isabel y ella es Alicia.

– ¿Queréis una copa chicas?

– Luis, gracias por tu invitación. Pero no creo que consigamos nada más allá de esta conversación. No quiero resultar antipática pero las copas las pagamos nosotras. 

– Claro chicas, bueno encantado.

Alicia no dudó ni un segundo en echarme la bronca: 

– ¡Tía! Las copas están muy caras. Este hombre ha sido muy educado con nosotras no te ha prometido amor eterno. ¡Se te ha ido la olla!

– Por si las moscas.

– ¿Qué moscas? 

Entonces tu amiga te vuelve a recordar que existe una aplicación en la que puedes añadir filtros a esa persona ideal que te interesa conocer. 

– Se llama Fish. Por lo visto hay un 85% de probabilidades de que conozcas al amor de tu vida. Ha salido en un estudio de la universidad de Harvard.

Cuando alguien defiende algo y se argumenta diciendo que ha salido en un estudio de la Universidad de Harvard o está demostrado científicamente, entonces ya no tienes nada más que añadir, llegas a casa, bajas la aplicación,  te das de alta con tu nombre y apellidos, indicas la edad, te describes en estatura y pones una frase motivadora que sacas de google porque estás muy cansada para pensar. Después vienen esos filtros que vas añadiendo para encontrar a ese amor de tu vida que decía mi amiga. ¡Wow! No dudé y fui añadiendo los siguientes:

+ No consume drogas. 

+ No miente.

+ No dice que quiere ser padre los primeros años de relación para después quitarte esa ilusión.

+ No echa en cara que te ha regalado un viaje por tu cumpleaños.

+ No es machista.

+ No es narcisista.

+ No es ilusionista.

+ No es inmaduro.

+ No te pregunta que qué has hecho en la vida para merecer ser mamá.

+ No te reprocha temas económicos.

+ No te hace creer que estás loca.

+ No habla mal a su pareja por no saber enfrentarse a sus problemas.

+ No cuenta intimidades de la relación.

+ No flirtea con otras mujeres en tu cara.

+ No es un ruin.

+ No es un cobarde.

+ No se cabrea porque te pongas enferma un día. 

+ No te ningunea diciéndote un día que te ama con toda su alma y al día siguiente no te soporta.

+ No te traiciona.

+ No se enfada si hay que hablar de problemas de pareja.

+ No es un hipócrita.

+ No te roba la alegría y las ganas de vivir.

Acabé añadiendo todos estos filtros y alguno más por supuesto. Después le di a siguiente y…: Jaime, Alvaro, Pedro, Antonio, Dani, Miguel, David, Javi, Manuel, Alberto… ¡Coño! ¡Pero si hay millones de hombres maravillosos ahí fuera! 

Minutos más tarde me arrepentí de estar ahí buscando a alguien, desinstalé la aplicación y recordé aquella reflexión que hice hace unos meses en mi guión de «Gloria a los 40»:

«El amor de tu vida no es uno. El amor de tu vida es la suma de todos aquellos que pasaron por este maravilloso viaje llamado vida. Porque después de la caída aprendiste a levantarte y ver un nuevo horizonte, aprendiste a convertirte en alguien distinto cada vez que te levantabas, a ser quien eres hoy, a transformarte pero sobre todo a evolucionar. Y a darte cuenta de que el amor de tu vida, siempre serás tú».

Un saludo para la Universidad de Harvard, y otro para mi amiga Alicia por la recomendación.

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