My way

Ayer ocurrió algo maravilloso. Salía del trabajo a las cuatro y media de la tarde. Tenía que ir urgentemente a repostar. El indicador de combustible marcaba en negativo. El color del avisador que normalmente suele ser rojo o amarillo, había cogido un tono algo morado y pintaba mal. Cuando fui a coger el coche en la misma calle de mi oficina, a unos 200 metros, en el principio de la calle, me sorprendió mucho como el aire luchaba contra mi. Estaba furioso y no podía ir hacia delante. No sé, lo mismo hice algo malo, pensé. Todo se movía, se había descolgado la tapa de un cuadro de la luz de una de las naves de mi polígono. Recuerdo perfectamente el sonido retumbando contra la pared en la misma fachada de cemento y un grafitti al lado que ponía BONITA. ¿Será una señal?. Es que yo soy muy de señales. Mi amigo Dani siempre me dice : “deja de pensar en por qué pasan las cosas”. A todo le busco un por qué.

Continúo. Después de bonita y con el molesto aire que fue el causante de que mis ojos llorasen sin motivo alguno, llegué al coche de una forma muy extraña, sonriendo por lo de “Bonita” y con unas lagrimillas. Que curioso. Cerré la puerta del coche lo más rápido que pude. Me costó bastante porque seguía luchando contra el aire. Me miré en el retrovisor y retiré las lagrimas de mi cara con un pañuelo de papel de aloe vera. Arranqué el coche y me acerqué a la gasolinera del polígono. Bajé del coche para pagar antes de repostar con todos los pelos en la cara porque ahora el aire no luchaba, se había convertido en mi aliado. Juntos nos dirigíamos a la puerta de la gasolinera y fue entonces cuando  en los altavoces exteriores de la gasolinera se escuchaba al maravilloso Frank Sinatra. Habían subido el volumen. Creo que faltan palabras en mi argot o  diccionario mental para describir lo que sentí en ese momento. Tuve un orgasmo auditivo y sentí como si el tiempo se detuviera. ¡Qué bonita es la vida, joder!. Escuchar a Frank Sinatra en la gasolinera de un polígono es otro rollo.  Aquello me pareció mágico y me sentí privilegiada por estar ahí. Gracias. Gracias a Repsol  y a los que hicieron posible que esto ocurriese. 🙂

A veces, no vemos o no valoramos  esas cosas maravillosas que nos pasan. Los pequeños detalles del día a día que son los que realmente te hacen feliz. Es cuestión de abrir bien los ojos y ver la belleza de las cosas. Si no lo ves, hay lentillas para ver más allá. Las venden por internet made in Wonderfull.

Vuelvo a Sinatra y a las señales. Después de escucharle volví al coche. Salí de la gasolinera y me dirigí hacia mi casa a unos 22 kms aproximadamente. Mi coche no tiene radio porque es prestado de un taller  mientras arreglan el mío.  Más bien parece robado de la mala pinta que tiene. Desde que voy con él me paran en todos los sitios. Me refiero a los guardias. Me paran hasta cuando está parado o aparcado en la puerta de mi casa. –Oiga, ¿ese coche es suyo?      – ¡joder noooo! ¡y qué!. ¿Qué pasa si lo es?. Coño, ¡tiene motor y ruedas!. Las ventanillas no van. Aire no tiene. El volante parece un puto estropajo,¿y?. A veces hay niños alrededor de él tirándole piedras. ¡Serán mamones!. Pero a mí me parece mágico. En serio. No sé. Llevo dos semanas con él y creo que hemos conectado. Es gracioso porque cuando monto en él, de repente habla una tía en francés que yo supongo que dice “bienvenida y buen viaje” o algo así. Es todo un detalle del fabricante. Aunque el del taller me dijo que es por un corto o fallo que produce el cableado de la radio y no dice eso exactamente. Lo peor de éste es que no tiene música. Y es que, conducir sin  música es como jugar al fútbol sin portería, tienes que imaginártela. Eso hago. Imagino la música. Entonces escucho a Elvis. Luego una de flamenquito que acompaño cantando. Ahora viene una muy buena ¡Sweet Home Alabama!. ¡Qué subidón!. ¡Se la dedico a mi pueblo!.

Mi pueblo se llama El Álamo, situado en el sur de Madrid. Está tan lejos de todo que a veces para pasar te piden pasaporte. Decidí llamarle Alabama que suena más guay. De eso se trata para ser feliz. Primero se acepta que por cojones te quedarás aquí muchos años porque  me quedé atrapada como otros muchos por culpa de la especulación inmobiliaria. Acepté lo que me había tocado. Vivir aquí. Después le cambié el nombre e intento llevar siempre las lentillas de la belleza y acabo viendo todo súper bonito. Porque Alabama tiene mucha magia. El cielo tiene otro color que el resto de los pueblos. No sé por qué, siempre está rosita. Las nubes parecen mariposas. Los aviones dejan siempre un rastro en forma de corazones. Las palomas hablan entre ellas pero no consigo saber que dicen. También hacen mucha caca. Eso no me gusta porque acaban atascando  los canalones. También hacen caca en las ventanas del techo de mi casa que es abuhardillado. Y aquí, me cuesta ver la belleza. Decido coger un palo con el que abro las ventanas del techo, me subo a una silla o a la cama, asomo la cabeza y las pego sin llegar a tocarlas no vaya a ser que esto lo lea la Asociación de Protectora de Animales y acabe en un juicio con las palomas testificando. ¡Solo hago el paripé con el palo!.

Es difícil creer todo esto. Lo sé. Pero mira, si no te lo crees te invito a que vengas a tomarte unos vinitos por la calle de los bares. Que tiene más bares que habitantes. Nos sentamos al sol de Alabama mientras divisamos corazones en el cielo. Pero recuerda, si vienes tráete el pasaporte que a veces lo piden. 😉

FELIZ DIA! Y no olvides que todo, todo tiene su belleza.

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