Los Locos años 20

Siempre se ha dicho que el verano era y es la mejor estación del año, para algunos claro está. Siempre están los que prefieren el frío porque no soportan “la calor”  como decían en el medievo. O los que adoran septiembre, el mes de las oportunidades, propósitos o nuevos retos. Nunca llueve a gusto de todos. Demostrado está que en plena pandemia hay quien ha disfrutado del confinamiento porque han descubierto que el tiempo existía y a otros sin embargo les angustiaba haber perdido su libertad. Dicen que después del confinamiento muchos de las ciudades han huido a los pueblos como se hacía antaño pero a la inversa. Quien sabe si después de esto vuelve a repoblarse los pueblos que quedaron vacíos y borren a ese punto final de su historia para continuar escribiendo sus andanzas. Seremos entonces aquellos mayores que usaremos como expresión amenazante hacia los jóvenes “te tenía que pillar una pandemia”.  


-¡Ay! ¡Quién nos iba a decir esto!. Cuántas veces habremos oído esta frase desde que comenzó todo esto, desde aquel 14 de marzo. Una fecha que ha marcado para muchos un antes y un después. Están los que se han divorciado porque no han soportado estar tanto tiempo mirándose las caras. Los que se han enamorado a través de aplicaciones que buscan amor o sexo. El que ha aprovechado para pensar en qué coño hacer con su vida porque se ha dado cuenta que su trabajo le robaba tiempo y dinero. El que se ha quedado sin trabajo y está agobiado. El que se ha quedado sin trabajo y está mejor que nunca. El que ha montado una tienda on line de su negocio físico. El que se ha comprado o adoptado un perro por si las moscas. Gente con carrera e idiomas que ahora buscan trabajo como cajeros o reponedores en mercadona. Empresarios arruinados buscando alternativas de negocio.  Caseros que se han quedado sin cobrar y otros que siguen pagando a pesar de tener sus negocios cerrados. Los que han regresado a sus pueblos o los que compraron una casita con jardín. Los que además de padres han desarrollado la labor del profesorado y sin vacaciones. Los que han descubierto que son artistas del bricolaje, de la cocina y que el arte  de hacer masa madre no es exclusivo de las tahonas. Los que continuan con el miedo y con responsabilidad y otros sin embargo creen que esto es un invento de no se sabe quién. Los que continúan con las teorías conspiratorias. Los que han preferido esconderse en su mundo interior y apenas ven las noticias o los que miran cada día el número de fallecidos y contagiados. Están los que estaban y ya no están y el dolor de sus familias. Están los que saludan con el codo o a distancia, o los temerarios que saludan con abrazos y besos. Están los que escriben o cuentan mentiras y otros creen contar la verdad. Están los que auguran la peor crisis de la historia. 
Están las románticas como yo que han huido a un pueblo de La Mancha rodeado de girasoles y un castillo. De calles inclinadas, fachadas blancas e impolutas, donde parece existir mar en sus proximidades por la brisa repentina que  ameniza las altas temperaturas. Un pueblo donde parece haberse detenido en el tiempo. Donde sus habitantes salen a tomar la fresca cada noche y te saludan con un “hola” si se cruzan contigo en la calle. Otros continúan preguntando si eres el  nuevo de la casa de la calle corredera. El melonero que pasa cada tarde diciendo: -¡Vaya melones qué tengo!,  – ¡Y yo también! ¡señor!. Qué ganas me dan de salir por el balcón y gritarlo a los cuatro vientos.  Qué ganas de gritar libertad como si fuera el final de una guerra, de decirle adiós sin nostalgia a la que fue nuestra acompañante durante meses, la que ha camuflado medio rostro y la mejor defensa, eso dicen, porque ahora todo es “eso dicen”. Qué lo mismo nos vuelven a confinar.  Qué tendremos qué aprender a vivir con esto.  Qué el virus ha mutado y es menos dañino. Qué los anticuerpos duran apenas dos meses… 


Esperemos que en un tiempo no se descubra que el contagio de este virus se produce a través del codo y tengamos que saludarnos haciendo el pino. Será entonces cuando nos tengan que ingresar  en un hospital psiquiátrico con tantas contradicciones y vuelva la denominación de aquellos Locos años 20.

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