Zolacum

Ayer por la tarde cuando llegué a casa, Charly no se movia. Me asusté. Hacía tres días que no cambiaba el agua de su pecera. Le di un par de golpes con el dedo mientras pegaba mi cara a la pecera para que pudiera verme – ¡Charly!. ¡Me tienes “mu” harta!.  Me apetecía llegar a casa y regañar a alguien para sentirme poderosa. Él se movió. Creo que estaba en modo siesta. Es lo que hacen los peces españoles se echan su siesta.

Me senté en el sofá. Pensé en pedirle prestado a mi vecina a su hijo de 5 años. Me apetecía saber cómo es eso de ser madre por un rato. Me acerqué a su puerta toqué el timbre. Noté que alguien miraba por la mirilla.  –¡Miriam que soy yo abre!. – ¡Hola Isabel!. – Oye, ¿me dejas a Alex?.

Me lo llevé al Mercadona. No paraba de pedirme que le comprara cosas. Se acercaba con chuches, –¿me compras esto? –no, Alex. Volvió con una colonia de niños, –¿y esto?, ¿y esto?, ¿y esto?.  Din don din, -un niño de 5 años busca a su vecina por favor preséntese en la caja 3. Encima el niño vacilándome y buscándome como si me hubiera perdido. Y para colmo en la zona de caja descuelga un paquete de condones. -¡Alex! ¡Deja eso dónde estaba!. -Estos niños de ahora que adelantaditos son, le digo a la cajera. Cogí mi carrito de maruja, que me compré hace un par de semanas, de cuadritos escoceses que están muy de moda. Eché toda la compra muy mal ordenada porque había huecos en todo el carro. – ¡Alex vamos por la acera!. Vamos a coger un atajo, ¿vale?. – !Vale!, me respondió. Reconozco que mi sentido de orientación es nulo. Me conozco mi pueblo en coche, pero andando no. Me metí por calles que no sabía a dónde me llevarían. Fui valiente. – ¿Nos hemos perdido?, preguntó Alex. –Mmm. No Alex. Tengo que contarte algo. Estamos huyendo de los guerreros ZOLAC. – ¿Quiénes son? preguntó desconcertado. Tuve que montarme una historia porque me había perdido entre las calles de mi pueblo. No era plan decirle al niño que me había perdido. – Alex, ¿nunca te contó mamá que soy de otro planeta?, aluciné con su cara. – ¿Qué planeta?. –Zolacum, estoy aquí porque me escapé. En Zolacum todas las mujeres son princesas. Yo soy la princesa del amor. – ¿Y tu príncipe?, preguntó. – Me cansé de príncipes, Alex. –¡Pero yo le he visto en un caballo volador!, ¡hablé con él el otro día!

Hay que ver la imaginación que tienen los niños. Recuerdo haber dicho lo mismo con el ratoncito Pérez. Cuando depositó una moneda de CIEN pesetas debajo de mi almohada. ¡Qué tiempos!. – ¡Alex!, ¡ven! ¡escóndete! ¡están aquí!. ¡Qué no nos vean!. Dejé el carro y nos escondimos detrás de una farola durante unos segundos. – Pero princesa del amor, ¿tienes miedo?, preguntó mientras continuábamos con nuestra misteriosa ruta. -No Alex. No tengo miedo. Tengo una misión aquí. Me alejé tres metros de él y le lancé un beso al aire, -¿te ha llegado?. Te mando amor Alex. Mucho amor. Debes guardarlo y entregarlo a todas las mujeres que conozcas en tu vida. ¿Lo harás?. –Claro princesa del amor, respondió mientras sonreía.

Hace un rato me ha llamado su madre. Dice que Alex pasó toda la noche mirando por la ventana de su habitación esperando a unos guerreros que dice que había visto por el pueblo. La que he “liao”, pensé. ¿No se podía haber quedado con lo del beso del amor?.Hombres …

 

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