Cuarentena. Día 13.

Ratoncita… ¿Puedes poner en alguno de tus post qué te quiero mucho?.  -¡Cariño!, ¿cómo voy a poner eso?. 
Ayer fui capaz de hablar con el miedo, la angustia y la tristeza. Los encerré a los tres en el baño de la habitación. La tristeza me golpeó en la cabeza y tuve que echarme a llorar, mientras que la angustia me retorcía el cuello y el miedo consiguió apoderarse de mi. Pero ya. Ya. Sin dramas.

Estos días me dirigía a ese futuro estudiante. Ahora, me dirijo a ti. ¡Ay amor mío…! Qué dolor más grande cuando nos sentamos en la cama llorando porque tocaba separarnos unos días. Se me rompió el alma cuando me escribiste diciendo lo duro que estaba siendo escuchar las últimas horas de personas que tenías cerca… Minutos más tarde me volviste a escribir y me pediste que te contara cosas bonitas. Respondí con mensajes de ánimo y cariño qué había recibido. Después me recordaste cómo cambia la vida de un día para otro. Qué hace un mes y medio estábamos en Bali buscando estrellitas de mar. Qué mentí en mi instagram al publicar una foto de una estrellita  donde decía que no la habíamos sacado del agua por miedo a que alguien me regañara. Ahora entiendo a “estrellita” cuando la sacamos apenas unos segundos fuera de su hábitat para ver como se movían sus piececitos. Con lo agustino que estaba ella y vienen a tocarle los cojones. Cómo ahora con este puñetero virus que hace que recordemos los felices que éramos. Si hay un ser superior que esté jugando con nosotros como con “estrellita”, por favor que se de prisa en meternos de nuevo en el agua.  Esta mañana me desperté más animada e imaginé que te habías ido unas semanas con la moto a ese viaje que tenías programado en mayo: Marruecos, Argelia y no recuerdo dónde más. Qué llevas dos días fuera de casa y tengo la esperanza de qué después de Marruecos echarás tanto de menos nuestros abrazos, caricias y besos que no podrás resistirte y volverás sin pasar por Argelia. Lo sé. 

Mientras tanto estaré aquí esperándote dando paseos por la casa, escuchando música o preparándome un té. Esperando a qué llegue la noche porque ahora parece que el sueño es lo mejor que nos sucede en estos días. Aunque también soñar despiertos e imaginar ese momento en el que todos podamos abrazarnos. Con lo que me costaba a mi dar abrazos y ahora solo pienso en ellos. 

Vuelve pronto por favor.

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